Historia



                   

  

Intenta gritar, pidiendo ayuda, respira por ultima vez, pero antes de cerrar los ojos logra distingir que unos fuertes brazos la agarran por la cintura y ve como todo se vuelve negro.


Despierta jadeando y llorando, alguien la abraza y susurra en su oído cada cierto tiempo :"No pasa nada, todo esta bien, no te pasara nada". Puede notar sus suaves y calientes labios sobre su pelo. Se muevo un poco mientras  gira. Ve a un chico alto, atlético, con piel dorada, cabello color bronze y unos increíbles ojos azules. Sonríe con una perfecta sonrisa.

Finnick . Hoy tras salvarla han echo una promesa. Vendrán a la playa para que ella le enseñe a hacer redes de pesca y él la ayudara a aprender a nadar.

-¿Prometido?-

-Si. Yo Annie Cresta prometo venir todos los días a la playa para cumplir la promesa que tengo con Finnick Odair.-ha respondido ella.
Tal vez este sea el comienzo de una bonita amistad, piensan ambos.


Cosecha de Finnick

                       



Hoy es el día de la cosecha, recuerda Finnick. Escalofríos recorren su cuerpo. Contempla la silla en la que tiene preparada ya la ropa. Una camisa blanca marfil que perteneció a su abuelo y cortos pantalones negros. Al tocar la suave tela, puede notar el paso de los años, duros años. Tal vez pertenezca a uno de los distritos mas ricos, pero siguen  igual de esclavizados que los demás.


Baja corriendo las escaleras, y entra en la cocina. Toma dos pequeñas manzanas. Se sobresalta al oír un estruendo, su padre, recien levantado y borracho. Tras la muerte de su madre, su padre  pasaba los días bebiendo e intentando ahogar sus penas por no haber podido salvar a su esposa. Solo necesitaba los medicamentos adecuados para vivir, había dicho el boticario del distrito, pero solo se podían comprar en el Capitolio.



Cuando ambos llegan a la plaza, se despiden. Finnick busca a sus amigos entre la multitud, Ethan y Sophie se encuentran juntos en la zona de los profesionales, que al igual que ellos han estado preparando para los Juegos desde pequeños. Annie esta junto a una chica rubia. 

Le fichan y conducen al grupo de chicos de su edad. Intercambia saludos con algunos amigos, mira a Annie y sonríe intentando parecer calmado. Fija la atención en el escenario. En el cual esta el alcalde Emiri y una vencedora que será la mentora este año. Una anciana de mediana edad, Mags ,que ganó los Juegos gracias a su astucia, engañando a sus adversarios con trampas echas de redes de pesca. También aparecen otros vencedores, Muscida Selkrik y Librae Ogilvy.


Justo cuando el reloj marca las dos, el alcalde se levanta de su silla y empieza a recitar el mismo discurso de todos los años. En el que se habla de Panem, su creación, del Capitolio y de los trece distritos, este ultimo destruido en la rebelión de los Días Oscuros. Y del castigo a los distritos haciéndoles entregar a un chico y a una chica que tendrán que pelear con 24 tributos hasta quedar solo uno vivo. Lee las reglas de los Juegos y recita los nombres de todos los tributos ganadores. Después aparece Talía, la enviada especial del Capitolio. Comienza a hablar sobre el honor que conlleva el poder elegir a los representantes de estos Juegos. Cuando acaba se acerca la urna de cristal  con los nombres de las chicas lentamente, mientras dice:


-Veremos quienes son los afortunados de este año, las señoritas primero.-mete la mano en la gran bola, revolviendo algunos papeles. Dos papeles, dos nombres y un futuro en juego. Finnick mira la linea azul del mar, libre, sus olas meciendose.

-Arla Howe.- lee entonces sonriendo.

Arla sube al escenario con los ojos llorosos, el trabajo de su padre como boticario esta vez no le va a ayudar. Nadie se presenta voluntario para ocupar su lugar.


Sophie, una amiga, mira a Finnick y a su hermano Ethan  preocupada. Fin hace una mueca intentando hacerla reír. Esta sonríe.



Talía se acerca a la urna con los nombres de los chicos y saca una papeleta. Annie cierra los ojos esperando oír un nombre desconocido. Pero no es así :


-Finnick Odair.-


Annie Cresta

La vida de Annie antes de sus Juegos era sencilla y tranquila. 
Era conocida como la hija del pescador que murio en el mar. Vivía sola con su madre, con la que no tenía una gran relación.
Tras volver del colegio pasaba las tardes ayudando a su madre a tejer redes, haciendo recados, cuidando de los hermanos de su mejor amiga o paseando por el distrito cuatro con Aaron.  


Después conocio a Finnick, y su amistad fue creciendo, aunque todo cambiaría en los septuagesimos Juegos del Hambre. 


Vencedora. Amante. Loca.

                                                             




Primeros Juegos de Finnick






-Finnick Odair- anuncio Arla, el  corazón de Annie se detuvo por completo. Agacho la mirada y ahogo un sollozo. Lo vio moverse a su espalda a través de la multitud, caminado con firmeza hacia el escenario montado frente al edificio de justicia, la gente aplaudió cuando fue anunciado oficialmente como el tributo de ese año.

Cuando todos se dispersaron, ella corrió hacia las puertas, donde encontró al señor Odair, esperando fuera pidiendo ver a su hijo.

-Quiero verlo- le dijo. Él no se negó, pero los agentes de la paz si, dijeron que solo podrían entrar familiares, así que se quito una pulsera de nudos que había hecho con hilo fino de los vestidos de su madre, y le pidió al señor Odair que se la diera a su hijo.

Se fue sin que ella pudiera despedirme, temía que jamás regresara al Distrito, pero tenía confianza en él, y no agoto sus reservas de esperanza pensando en lo peor, se arriesgó a creer firmemente en que él podría ganar.

Verlo en pantalla fue otro shock, el Finnick que se habían llevado del distrito cuatro no era el mismo de siempre, le habían limpiado y  quitado las quemaduras de sol, le habían bronceado y le habían puesto más guapo, e incluso este Finnick sonreía de una manera tan fastidiosa, que era irreconocible; casi desnudo y fanfarroneando, en el desfile.

Luego llegó la puntuación en los entrenamientos, las entrevistas y el amor que el público le tenía.

Pero los Juegos eran otra cosa, ya no había glamour ni saludos cordiales.

Su cara demostraba seguridad al salir del tubo que llaman el lanzador, más que seguridad egolatría. El reloj comenzó a contar los segundos, y cuando termino en cero, Finnick salió  directo a la Cornouncopia, mato a un tributo y luego peleo con otro por una lanza. Después corrió lejos a ocultarse.

Había matado sin compasión y seguro haría lo mismo con otros después, podría ganar, podría volver a casa con Annie,  ¿pero a costa de qué?

Los días siguientes se volvieron un infierno, pasaba todo el día frente al televisor, su corazón saltaba cada que mencionaban a Finnick, se mostraba entre los favoritos, pero aún quedaban muchos tributos.

Finnick trabajaba solo, y Annie no pudo evitar sonreír cuando lo vi hacer algo que ella misma le había enseñado. Claudius Templesmith el presentador de los juegos y el Capitolio entero, no tenían ni idea de porque Finnick buscaba con tanto afán algo entre la plantas, no hasta que lo vieron tejiendo redes con ellas. No le faltaba comida ni agua, así que no tenía que trabajar mucho por su  supervivencia, salvo buscar lugares seguros. Ocupaba su tiempo libre en fabricar redes y  trampas.

Pero todo cambio cuando Panem vio caer frente a él un paracaídas plateado con un paquete enorme : un tridente.

-«”Nunca en toda mi historia como presentador de los Juegos, había visto algo semejante, es probablemente el regalo más caro que han dado los patrocinadores a un tributo, no cabe duda de que este chico de 14 años ha conquistado el corazón de alguien muy importante”» dijo Claudius.


Fue cuestión de días, él tomo otro rumbo en el juego y comenzó a cazar a los que quedaban. Finnick utilizaba el tridente como tenaza ensartando tributos, matándolos a la primera, muchos no tenían ni opción de pelear, eran atrapados por las redes que  había fabricado y finalmente terminaban traspasados por el costoso regalo. Aun así hubo veces en que no todo era tan fácil, en especial cuando solo quedaban él y la chica del distrito 1 .

Estaban en la batalla final, muy cansados, peleaban cuerpo a cuerpo, y hacía tiempo que habían dejado de lado las armas. La chica del 1, Ronnie, que era mucho mayor que él tanto en edad como en cuerpo, no tenía compasión y golpeaba el cuerpo de Finnick una y otra vez hasta que él dejo de pelear. Ronnie sintiéndose vencedora, fue por el tridente y lo arrojo sobre él. Pero el lo esquivo y cogió y  lo lanzo sobre su cabeza, el arma le traspaso el cuello al tributo y Finn fue coronado vencedor de los 65°Juegos del Hambre.


 

Finnick solo recordaba el aerodeslizador apareciendo sobre él, un zumbido y después caer sobre la densa maleza de la arena. Estuvo varios días inconsciente en el Capitolio, comiendo poco a poco y despertandose todas las noches por las terribles pesadillas de los Juegos. Su entrevista con Caesar, los gritos del público al ver las muertes de los tributos, sus risas, le ponían enfermo. La coronación no fue mucho mejor, en la mente se la habían quedado grabadas para siempre las primeras palabras que Snow le dijo "-Eres demasiado deseado en el Capitolio, Finnick,-".

Solo era el comienzo.





Todo volvió a la normalidad después de que Finnick ganará sus juegos. Tuvo que hacer la gran gira de la victoria y visitar los demás distritos viendo a los familiares de las víctimas que él había asesinado. La mirada triste de la madre de Ronnie, la profesional que se enfrentó con él en la gran batalla final o los llantos de la pobre familia del distrito nueve que había perdido a Hazel, una tributo de solo trece años jamás se le olvidarían.
En la fiesta organizada en una lujosa mansión, fue llamado por el presidente a su despacho.

-Como ya te he dicho eres demasiado querido en el Capitolio, todos te toman por una especie de dios. Muchos me han preguntado por ti, al parecer tienes muchos admiradores.- le comento Snow.

-¿Admiradores? Todos los vencedores se hacen famosos tras haber ganado los Juegos.-

-No lo comprendes ¿Verdad? Esto no acaba aún, eres demasiado joven de momento,  pero dentro de unos años tendrás que estar con ellos y deberás hacer lo que te digan te guste o no. Vas a ser su amante, por dinero, ese es el castigo por ganar los Juegos, todos los vencedores tienen un precio y si no cumples con lo que te e dicho alguien puede acabar muerto. Tu vida y la de tus seres queridos depende de ellos.-

Nada volvería a ser lo mismo, solo le quedaban unos años de limitada libertad. Finnick sería un esclavo mas de la larga lista de amigos del presidente Snow.


 


Los años pasaba rápidamente, Finnick era libre hasta cumplir los dieciséis. Ya no tenía que ir al colegio y los problemas económicos de su padre habían desaparecido. Vivía en una de las cómodas casas de los vencedores. Se pasaba los días paseando por la playa, pescando o ayudando a sus mejores amigos a entrenar como profesionales. Ethan y Sophie estaban obligados a entrenar por sus padres. Pero desde que su amigo ganó todo era diferente, antes comentaban y se reían de los extraños ciudadanos del Capitolio, pero ahora Finnick no podía hablar de la misma forma, ya que era controlado. 

Solo una persona no había cambiado, Annie. Todos los días después de que ella acabara las clases quedaban en la orilla del mar o en el faro. Podían pasarse horas hablando, haciendo redes o dando largos paseos. Su amistad fue creciendo y él no podía pasar una sola semana sin escuchar su dulce voz, que le hacia olvidar todos sus problemas. 

De vez en cuando en algún mal día de invierno cuando Annie y su madre no tenían nada de comer, Finnick  les daba dinero o  incluso compraba el mejor pescado o la tarta mas cara de la pastelería. Jamás olvidaba la cara de su amiga cuando recibía aquellos lujosos regalos y se lo agradecía con  los ojos brillantes de emoción. Él le enseñaba algunas técnicas de lucha, hasta que al final era capaz de lanzar lejos las pequeñas lanzas o cuchillos. Pero los peores épocas eran cuando se celebraban los Juegos y a Finnick le tocaba hacer de mentor para después ver como morían sus tributos. Ademas siempre se asustaba pensando en la posibilidad de que Annie saliese elegida en la cosecha.

La semana anterior a su dieciséis cumpleaños, él le confeso todo lo que Snow le había dicho.

-Finnick... No lo comprendo. ¿No es suficiente con que hagas de mentor?-

-Al parecer para el presidente no. La ultima vez que hablamos, me contó que debía hacer lo que ellos me dijeran. Ellos serán mis amantes y yo su esclavo.- le explico él.

-¿As intentado llegar a otro acuerdo? Tal vez si no les gustases, ellos ya no te querrían.- 

-Lo he estado pensando estos años, pero mañana debo ir al Capitolio.-

-Entonces comentaselo mañana,  tal vez consigas hacer cambiar de idea a Snow.- le dijo ella cogiéndolo de la  mano. 

Y así hizo, pero sin demasiada suerte.

Amantes

Muchas personas comenzaron a invitar a Finnick a sus casas, a reuniones, a fiestas, a sus bodas… Al principio no le pareció tan malo, ya no se  tenía que preocupar por su padre o por Annie, tenía el dinero que quería. 
Pero tras dos años el presidente le invito a una “fiesta” privada y le mostró una lista de nombres, había mas de 100 en ella. Dijo que a todas esas personas Finnick les debía mucho, que era el publico el que le había coronado vencedor en sus juegos, que de no ser por su rostro, el tridente jamás hubiera llegado a él, y que debía de estar agradecido eternamente con los habitantes del Capitolio, el le contesto que lo estaba, pero Snow dijo que no era suficiente, debía pagarles. 

Tendría que pagarles con mas compañía, las personas en la lista que eran las primeras habían estado esperando hasta que cumpliera la mayoría de edad. Finnick le pregunto que quería que hiciera con esas personas, y él respondió: “Lo que sea que ellos te pidan”, se negó rotundamente, pero él solo siguió sonriendo y le hizo leer el primer nombre de su lista: Sharon Smith. No pudo decir que no, era la hija de un vicepresidente muy importante.

Primero tuvieron una especie de cita, hablaron, bebieron, pero ella comenzó a intentar quitarle la camisa, a acercarse a su cuello, él la intento apartar, pero era muy insistente, así que decidió retirarse, ella se quejo y lloro, amenazandole con decírselo a su padre. Y eso hizo, el presidente al enterarse se  puso furioso y dijo que se vengaría de eso, no le hizo caso, y paso bastante tiempo, incluso creyó que lo había olvidado, que le había dejado en paz.

Hablo con otros vencedores, Cashmere, Johanna, todos habían pasado por algo similar, algunos lo habían aceptado por fuertes cantidades de dinero, por riquezas, pero a Finnick no le halagan ese tipo de riquezas.

Un día le llego una carta, a menudo recibía cartas de gente del Capitolio que estaba enamorada de él, pero esta era diferente venía acompañada de una rosa blanca. La abrió, y vio que contenía una foto… una foto de Annie y atrás solo tenía escrito un corto mensaje : "¿Es todo lo que amas?".

Al ver aquello rápidamente cogió aquella lista de amantes y comenzó a hacer lo que el presidente le había dicho, incluso se acosto con Sharon. Pero de nada sirvió eso, ya era demasiado tarde. Snow se había enterado de que Finnick amaba a Annie, incluso antes que él mismo. 


Reencuentros 

tributos y de Cazadores de Sombras-oh-mi: Aunque Annie nunca se lo dijo, odiaba cuando Finnick fue re-enviado al Capitolio.  Sólo tenía la más vaga de las ideas de por qué lo tendrían que ir una y otra vez.  "Papers", le decía.  "Los documentos legales y demás." Ella sabía que estaba mintiendo.  Cuando regresó, se vería extraño pálida, desordenado y por lo general toma algún tiempo para que la tocara otra vez.  Incluso el más leve gesto de un amigo le enviaría en una especie de frenesí.  Esta vez no fue la excepción.  Ella había estado en y por el mar durante todo el día, esperando a que regresara, recoger conchas y trozos de algas marinas para su castillo de arena.  Ella levantó la vista constantemente, ansioso de volver a verlo.  Cuando el sol a punto de ponerse, por fin lo vio.  Su corazón martilleaba como figura familiar pasó pell mell por la playa y en el agua.  Finnick zambulló debajo y resurgió, despegando de su camisa, arrancando los botones directamente hacia afuera como si no pudiera soportar estar en él un momento más.  Al verla, se le cayó la tela empapada y corrió hacia ella.  "Annie" Estoy en Yelp su nombre una vez más, que se estrelló en sí y envolvió sus brazos alrededor de ella, sosteniendo contra su pecho.  Nunca tenía que decirle lo mucho que la echaba de menos.  La aceleración de los latidos de su corazón y la forma en que la miraba después le contó todo.

Aunque Annie nunca se lo dijo, odiaba cuando Finnick era enviado al Capitolio. Sólo le decía "Asuntos de tributos" o "Los documentos legales y demás."

Ella sabía que estaba mintiendo. Cuando regresaba, tenía extrañamente pálida la cara y por lo general se tomaba algún tiempo para que alguien  le tocara otra vez. Incluso el más leve gesto de un amigo le enviaba una especie de frenesí. Esta vez no fue la excepción.

Ella había estado en el mar durante todo el día, esperando a que regresara, recogiendo conchas y trozos de algas marinas. Y levantaba la vista constantemente, ansiosa por volver a verlo. Cuando el sol estaba a punto de esconderse, al fin lo vio. Le sonrío desde el agua. Finnick se zambulló dentro del mar  y resurgió, quitando su camisa, arrancando los botones directamente hacia afuera como si no pudiera soportar tenerla puesta un segundo mas. Al verla,  corrió hacia ella gritando su nombre "Annie".


El castigo de Finnick y Annie

mermaidgonemad: Parte CXLVIII de Memories.Finnick de Annie: "A veces hay que estar lejos de tus seres queridos con el fin de protegerlos, pero eso no hace que usted los ama menos.  A veces uno termina amarlos más, porque el amor es como el viento, no se puede ver todo el tiempo, pero se puede sentir incluso cuando sus miles de kilómetros de distancia de ellos. "

"A veces hay que estar lejos de tus seres queridos con el fin de protegerlos, pero eso no quiere decir que les queramos menos. Entonces uno termina por amarlos más, porque el amor es como el viento, no se puede ver todo el tiempo, pero se puede sentir incluso cuando uno se encuentra a miles de kilómetros de distancia. " 

Finnick debía cumplir con la lista de amantes, si no, Annie sufriría las consecuencias, tal vez incluso Mags. Ambas eran su única familia, lo que le mantenía vivo. Todas aquellas oscuras y siniestras noches en las habitaciones de las ciudadanas del Capitolio se convertían en una pesadilla para él. Solo el recuerdo de las personas que mas amaba le daba fuerzas. 

Después de unos meses termino aquella larga lista y pregunto a Snow si había sido suficiente, si le podía perdonar y no castigar. Él tardo unos segundos en responderle, riéndose.

-En los distritos sois todos iguales. Si no hubiese normas todos os creeríais invencibles, para eso están los agentes de la paz. ¿No comprendes que tu también tienes que cumplir un castigo?  La chica no moriría, pero si sufrirá.-


Esas palabras habían bastado para que Finnick hubiese comprendido la forma de actuar del presidente, iba a hacerle daño a través de Annie, al igual que hacía con los demás distritos al obligarles a participar en los Juegos.



Mags la vencedora inmortal 

Mags era muy conocida en el distrito 4, enseñaba a los niños a hacer redes o anzuelos mientras cuidaba de ellos. No tenía familia, pasaba los días recogiendo conchas o paseando en la playa. Nadie sabia con exactitud cuantos años tenía, muchos decían que había nacido antes de existir el Capitolio en los días oscuros, pero nadie conocía su historia, la de otra vencedora castigada por ganar.

Vivía con mis padres, en una pequeña casa, no me acuerdo bien, solo se que debía de tener unos cuatro años al estallar aquella terrible guerra. Los hombres fueron enviados a luchar contra el nuevo sistema del Capitolio, muchos, miles, millones murieron. Entre ellos estaba mi padre, quién por suerte sobrevivió. La situación los diez años siguientes fue muy dura, sobretodo para los distritos, lo poco que conseguíamos nos lo quitaban, otros morían por enfermedades de la guerra o por la desnutrición, recuerdo familias enteras destrozadas, cuerpos de gente demacrada o castigada por los agentes de la paz. Pero lo peor fueron los  Juegos del Hambre, aparecieron para que dejáramos de protestar, nos querían demostrar que ellos eran los únicos que mandaban. Las primeras muertes de los tributos fueron las mas duras, niños de doce años que lloraban pidiendo ayuda, otros se suicidaban y algunos intentaban luchar. Después salí elegida yo en la Cosecha, no tenía la fuerza de los profesionales del 2 o del 1, pero me las ingenie en la arena para conseguir comida. También conseguí algunas armas y fabriqué anzuelos, como me enseño mi padre. Gané, pero no todo terminó allí como creía, al parecer ser un vencedor tenía un precio. Mis padres murieron de manera inexplicable en pocos meses, me quede totalmente sola. Años después descubrí que fue el Capitolio quién los mato, desde entonces tuve que hacer de mentora, algunos de mis tributos ganaron. Tras presenciar las muertes de mis amigos o familiares morir, me hice la promesa de no tener hijos nunca. Verles sufrir era la último que quería. Pensé que moriría sola como los demás vencedores y entonces apareció Finnick. Parecía otro tributo mas y me sorprendió lo fuerte que era, solo tenía a su padre y paso hambre varias veces en su vida, aun así no parecía culpar ni odiar al Capitolio de nada. Me prometí a mi misma que intentaría que ganase, y así fue. El publico lo adoraba, creí haberle conseguido una vida mejor, pasaron los años y cada día estaba mas unida a él. Recuerdo el día en que me presento a Annie, ambos parecían tan jóvenes y felices, solo eran amigos por entonces, y note al instante que entre ellos iba a surgir algo mas. Se convirtieron en mi única familia, ya no estaba sola y tenía razones para seguir viva. Pero un día Finnick me contó lo que Snow quería de él, jamás podría tener una vida normal, tendría que ser un esclavo del Capitolio. Al principio él no le hizo caso, pero las consecuencias fueron peores, todos habíamos sufrido las heridas de la arena menos una persona. La dulce Annie, iba a pagar por ello, quedaría marcada por siempre y nosotros no podríamos hacer nada. Jamás me lo perdone, por eso salí como voluntaria en la cosecha de los 75º Juegos del Hambre, di mi vida por alguien que la necesitaba mas que yo.

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Cosecha de Annie 




-¡Annie!- escucha una voz llamándola, la voz de él.

Abre los ojos en dirección a la ventana que se queda todas las noches abierta. Ahí esta él asomado esbozando su hermosa sonrisa, su cabello dorado y rizado esta perfectamente peinado, y el bronceado en su piel sigue tan deslumbrante como la primera vez que estuvo en las manos de los estilistas del Capitolio.

-¡Finnick!- grita de alegría.

-Ya sabes, es día de cosecha- dice con su tono lúgubre la sonrisa ya se ha ido. -¿Estas bien? Estabas gritando- le pregunta apartándole el cabello enredado de la cara.

-Otra vez tuve pesadillas- responde bajando la cabeza avergonzada, porque es increíble que viviendo en el Distrito 4 su  miedo mas grande sea ese - me estaba ahogando.

-¿Has estado entrenando?- pregunta Finn un tanto preocupado.

 Antes de los 65° Juegos del Hambre Finnick y Annie podían  hablar de todo, pero desde que fue elegido tributo las cosas entre ellos han cambiado, hay temas de los que no pueden hablar.

-Cada día desde que te fuiste- responde con sinceridad, enumerando los meses que han pasado, entre sus idas y venidas al Capitolio, esa es otra de las  pocas cosas en las que Finnick es reservado, solo le dice que va con “alguien muy importante” a una reunión. Nunca le ha preguntado mas detalles, sabe que las mujeres del Capitolio le desean y él debe complacerlas.

-Entonces no deberías tener miedo Annie- dice Finnick volviendo al tema de sus pesadillas- supongo que has mejorado.

-La verdad es que muy poco, es mas fácil hacer nudos, ¿Tu cómo vas con eso?-

Se supone que tienen un trato, desde que eran pequeños. Él aprende a hacer nudos y redes y ella a usar el tridente. Todas las tardes una vez terminadas las actividades obligatorias del Distrito 4, van a la playa, antes de que oscurezca y suba la marea.
Finn lleva a Annie a su espalda y a continuación se sumergen juntos, no tan mar adentro las primeras veces porque aun tenían miedo, pero si lo suficiente como para que le enseñara: primero a respirar debajo del agua, y luego como controlar su cuerpo para que no se moviera tanto, pues espantaba a los peces. Pescaban unos cuantos, al principio ella regresaba con las manos vacías pero pronto pudo ser buena competencia para Finn. Una vez caída la noche, encendían una fogata, asaban el pescado y cenaban, mientras aprendían a  hacer nudos y a tejer. 

Lo hicieron todas las noches hasta que su nombre salió en la Cosecha. Después de ese día y después de que saliera vencedor, sus quedadas han sido pocas, pero aun sin él, ella va a la playa a practicar porque sabe que es lo que él quiere que haga.

-Ya casi he terminado una red que me mostraste la semana pasada.- dice Finnick. 

-Te he echado mucho de menos.-logra decir antes de que se le entrecorte la voz, tiene miedo. Él la coge de la mano intentando parecer confiado.

-Tengo que vestirme Finn y tu… tienes que…- no  completa la frase pero saben a que se refiere.

-Si te veo… ahí.- dice él y la abraza, mas fuerte que nunca, son pocos los segundos que pueden pasar juntos. Observa como se aleja, cruza una pierna y luego la otra regresando por la misma ventana por la que salio. 

-Bienvenidos sean todos, ¡Felices Juegos del Hambre! Y que la suerte este siempre de su parte!- comienza la mujer enviada del Capitolio, Talía, este año viste un conjunto de cristales verdes que contonean su largo cuerpo, pero contrastan de manera horrible con su piel amarilla, teñida según las modas.
Los vencedores están detrás de ella sentados, Finnick entre ellos, le han cambiado de ropa y lo han puesto más guapo; también esta la vieja Mags con su cabello blanco (fue la mentora de Finnick) y otros tributos Muscida Selkrik y Librae Ogilvy.
Escuchan otro discurso hecho por Talía donde explica lo honrados que deben sentirse, y lo obligados que estan a entregar a un buen tributo este año, pues esperan que el Distrito 4 obtenga otro de sus vencedores. Hablan de la fortuna y fama que les esperan. Ponen de ejemplo a sus fabulosos vencedores. Finnick parece algo extraño en la manera en que retuerce sus manos, y lo impaciente que esta su pie izquierdo que no ha dejado de moverse desde que comenzó la Cosecha.

-Comencemos con las chicas.- Talía revuelve entre sus dedos la urna que contiene los nombres de los mujeres, se detiene y sostiene dos papeletas en alto pero solo se puede elegir a uno, así que sin hacer mucho drama escoge una y deja caer la otra, así de fácil se ha decidido el destino de alguien, desdobla la papeleta y lee.

-¡Annie Cresta!- retumba el nombre por todo el lugar, pero ella no lo percibe hasta que mira los ojos azules de Finnick abrirse demasiado. -¡Annie Cresta!- vuelven a llamar pero sige perdida en Finn, que pestañea varias veces, el pecho le sube y baja, esta muy agitado.

Alguien la empuja,  todos miran a la que están llamando, la tributo del Distrito 4 de los Septuagésimos Juegos del Hambre. Annie Cresta.


El primer y tal vez último beso

Pasa la noche despierta, esperando que la puerta de su compartimiento en el tren se abra y Finnick aparezca para dormir con ella, pero él no viene. Cuando decide que ya ha pasado mucho tiempo, sale y se da cuenta de que ha amanecido,  están llegando a las afueras del Capitolio.

La ciudad reluce bajo los rayos del sol, es enorme con edificios muy altos de diseños inimaginables. Entran a la ciudad después de pasar por unos túneles subterráneos, llegando a los andenes, una multitud ya les espera.

Finnick aparece detrás de ella, le sujeta los hombros con fuerza, y la conduce hasta la puerta por donde saldrán, el tren se va deteniendo y en cuanto lo hace las puertas se abren, y son arrojados.

La gente grita y Annie ve porque lo hacen, de verdad adoran a Finnick, él sonríe y saluda a todo mundo, algunas chicas incluso lloran, los vigilantes deben sujetarlas para que no se abalancen sobre él.

Los llevan enseguida al Centro de Renovación con el equipo de preparación, que trabajan arduamente para dejarlos esplendidos para el desfile, los limpian y les restriegan para quitarles la arena que pudiera haberse quedado en su cuerpo.  Los estilistas pasan dos horas quejándose mientras le dan forma a sus cejas y les quitan los vellos de las piernas, desenredan su cabello por fin después de otra hora más, y le ponen lociones para darle uniformidad a su piel clara. Al final dejan su piel y cabello en estado “perfecto”.

Su estilista la viste únicamente con un top y unas licras del color de su piel. Y a continuación aparecen un par de muchachos con bandejas llenas de conchas y caracoles que empiezan a pegar a su piel, pintan diseños de olas en sus uñas, brazos y piernas, le recogen el pelo con un corto velo y para que se quede ahí lo sostienen con una estrella de mar que ha sido disecada para usarse de adorno. 

Llegan a la sala donde están los carruajes y suben rápidamente a su carro pues el desfile esta por comenzar, los estilistas les dan los últimos toques. Al fin salen y Annie sonríe y saluda intentando parecer feliz, en cuanto a Max, el parece no intentarlo ni un poco, tiene una expresión de ira en la cara.

-¿Acaso no quieres volver a casa?-

-¿Cómo?-

-¿Que si no quieres volver a casa?- le repite Annie.

-No voy a volver Annie- dice Max con cierta melancolía.

-Pues si no vuelvo yo, vas a volver tu- le dice intentando animarlo- pero este año ganara el Distrito 4.

Max la mira incrédulo, pero ha cambiado su estado de ánimo, levanta la mano y saluda a la multitud, lo hace así el resto del desfile, incluso a veces se le acerca para comentarle algo que ha encontrado gracioso y se burlan. Los caballos comienzan a detenerse conforme llegan hasta donde está el presidente, lo ven por encima de ellos frente a un micrófono, el edificio esta tapizado con las banderas del Capitolio, y la gente va guardando silencio. 

-Bienvenidos tributos a los 70° Juegos del Hambre…Para ustedes debe ser todo un honor representar a su distrito, es un sacrificio de gran nobleza, y es por eso por lo que él vencedor será coronado con las mas grandes riquezas que el Capitolio tiene para ofrecer- dice y luego finaliza su discurso con otras palabras ridículas más y antes de retirase les saluda desde su palco, mirando fijamente a Annie.

Los demás días en los entrenamientos pasan velozmente, Max y Annie comienzan a hablar mas y a hacerse mas amigos e incluso piensan en formar una alianza con los profesionales. Sus puntuaciones no llegan a ser altas pero si aceptables. Cuando llegan las entrevistas les preparan por separado y a Annie le toca primero con Finnick. 

-¡Annie! ¿Annie en que estás pensando?- dice Finnick al entrar en su habitación y se sienta a su lado en la cama.

-Pensé en como habías ganado tus Juegos y en que la pesadilla había terminado cuando te vi convertirte en vencedor- le explica- pero ahora estoy viviendo la mía propia.

-Perdóname- dice y la abraza con fuerza.

-¿Perdonarte? ¿Por qué? No es tu culpa.

-Si lo es.

-¿Que dices Finnick?- le pregunta sin comprender.

- Es por mí que estas aquí, estas pagando mis errores- Finnick se da la vuelta y evita mirarla a la cara. 

-¿Finnick a dónde vas?- le grita antes de que gire el picaporte y se vaya, ella se pone frente a la puerta evitando que pase; la mira desesperado.- No dejare que te vayas hasta que me expliques, ¿de qué errores estás hablando? ¿Qué quieres decir?

-No debo decirte nada- suplica- Annie lo siento.

-Deja de disculparte- dice y se aleja de su abrazo, entonces Finnick se destroza, se deja caer en la puerta misma, y se hace pequeño y pequeño conforme van rodando las lagrimas sobre su cara, se abraza a su cuerpo y cuando ella trata de tocarlo se aleja.

-Finn…

-Lo siento Annie , de verdad lo siento, no pensé que estuviera hablando enserio- comienza a decir Finnick entre sollozos- pensé que solo quería intimidarme, si hubiera sabido que te metería en esto, pero yo no quería…

-¿No querías que?

- Él me obligo, yo no quería…

-¿Quién Finnick?¿Que cosa quería que hicieras?- le busca la cara.

-Él queria que yo… dijo que había mucha gente que me deseaba- se entrecorta su voz, y es difícil entenderle.

-Finn tranquilízate, estoy aquí, trata de calmarte- le habla y pasan unos minutos hasta que Finnick deja de sollozar, le da un poco mas de aquella bebida que les trajeron al principio, pero apenas acepta.

Cuando esta mucho más calmado, sin que ella le vuelva a insistir, comienza a contarle todo.

-Trate de hablar con él decirle que no te hiciera daño, incluso… incluso complete toda la lista, Annie lo siento mucho, yo no habría querido, no lo habría hecho, pensé que si lo hacía te dejaría en paz, pero luego Mags se enteró de que había duplicado las papeletas con tu nombre en la cosecha, de nada sirvió lo que hice, por eso Snow te miraba tanto en el desfile y es por mí que estas aquí, te falle Annie, te falle y tampoco pude protegerte.

Se tira a sus pies y vuelve a llorar, Annie no sabe en que momento le han salido lágrimas. Comienza a sentir rabia, el presidente Snow la ha puesto aquí para matarla en los Juegos, y si sobrevive, si lo lograra, apuesta a que haría su vida tan miserable como lo ha hecho con los demás. La esperanza en el distrito 4 es que si al menos llegas a ser vencedor tu vida es recompensada, que equivocados están, no hay bondad en ninguna parte.

-No me odies Annie, perdóname.

-¿Odiarte?- se sienta en el suelo delate de Finnick, le sostiene el rostro con las manos y le besa la frente- no podría odiarte y no tengo que perdonarte, no eres el culpable de nada, de nada. Finnick mírame, te amo, te amo demasiado, y quisiera que no hubieras tenido que vivir eso- entonces lo besa como si fuera la última vez, su primera y tal vez última vez. Quiere quedarse con el recuerdo de este momento, no importa lo corto sea, solo sabe que es suyo, y que esto nadie podrá quitárselo.

Se abrazan hasta que dejan de llorar, nadie llama a la puerta, y se está haciendo tarde, se acuestan juntos en la cama en silencio, disfrutando de sus mutuas presencias. Ni Snow, ni los Juegos podrán jamás arrebatar les eso.


La entrevista de Annie

La entrevista no le va mejor. Ni siquiera las palabras tranquilizadoras de Finnick logran que se le pasen los nervios y, para cuando le toca, esta tan aterrada que únicamente puede responder a las primeras preguntas de Caesar con asentimientos o negaciones de cabeza. Sentía miles de ojos pendientes sobre ella y no es la vergüenza lo que la ponía nerviosa, si no el hecho de que su supervivencia en los juegos dependía de lo que dijese en esos momentos.

-Annie Cresta, Distrito 4, ¿Acaso atrapaste el mar en tus ojos para mostrárnoslo?-dice Caesar Flickerman y no puede evitar ruborizarse.

-Podríamos decir que he traído algo de mi distrito para mostraroslo - responde mirando fijamente al público y a las cámaras. 

-Y no te imaginas lo que nos gusta eso. Pero, queremos saber mas cosas sobre ti, dinos Annie, ¿alguien ha conquistado esos preciosos ojos tuyos?- 

-Aún no-contesta rápidamente. Y no mira a nadie temiendo que su mentira sea descubierta.

-¿No? Valla, pareces una chica muy exclusiva, tal vez aquí en el Capitolio  podamos encontrarte un pretendiente- el público grita un sonoro "si" e incluso algunos aplauden. Eso es exactamente lo que quieren, juegos y amor para entretenerse. 

Entonces la entrevista termina y se levantan, en ese momento a Annie se le ocurre una ultima idea para mostrar su supuesto perfil de 'exclusiva', camina por el escenario decidida y se suelta el pelo, el recogido que tenia se desprende, ella posa y hace ondear su vestido. Tal vez parezca algo alocada y sea la primera vez que un tributo halla hecho tal cosa, pero puede que en algunas horas este muerta y esa sea su última osadía hacia Snow.


















Los juegos del Hambre de Annie 


 


Su última cena trascurre agradablemente, Annie conversa con Max olvidandose de que mañana tendrán que luchar a muerte. Finnick no esta, tiene que estar con alguna de sus amantes del Capitolio, piensa Annie. Cuando ambos se quedan totalmente solos en la mesa, Max le dice a Annie :

-Sigo pensando que no tengo ninguna posibilidad de ganar los juegos, así que por lo menos quiero que me prometas algo...- Annie le intenta responder, pero no puede, porque sabe que lo que dice es cierto. Un chico como él, sin practicamente habilidades para el combate difícilmente durara mucho en los Juegos, además Finnick la ayudará a ella mas que a nadie en la arena.- me encantaría hacer una alianza contigo, yo te ayudaré, tú puedes sobrevivir, podemos escondernos de los profesionales. Pero a cambio solo quiero que cuando muera, tenga una muerte rápida, un disparo, cualquier veneno, pero no quiero sufrir.

Annie se queda sin palabras, nunca había oído hablar a alguien así de su destino, tener tan clara su muerte, no tener esperanza alguna. Le duele verle así, sin pensarlo le coge de la mano.

-Annie, se que es horrible, pero te lo ruego...- le dice en tono suplicante.

-Si, pero con la condición de que intentes sobrevivir- le responde.

-Nadie sobrevive- 

Esa frase, que Annie al principio no entendía pronto tuvo sentido. Las primeras muertes, los primeros cañonazos o los primeros mutos crearon sus mayores pesadillas. Pero lo peor y mas duro fue huír  de los profesionales, Max y ella consiguieron escapar en varias ocasiones. Los primeros días fueron los mejores, encontraron agua enseguida y robaron comida a otros tributos. Pronto comenzaron los terremotos, varias veces casi se quedan atrapados ya que aquella arena era una ciudad en ruinas. Escuchar los lamentos de los que quedaban aplastados por los escombros era horrible, muchas veces intentaron ayudarles pero sin éxito. Esa era sin duda la muerte mas horrible, la mas lenta y dolorosa. Después llegaron las ratas, salieron de todas partes, era una enorme plaga. Nunca habían visto unas tan grandes, tenían uñas y dientes tan afilados como cuchillos, eran mutos modificados por el Capitolio.  Jamás olvidarían como el chico del distrito 10 era devorado en apenas unos segundos por aquellas criaturas. Cada día que pasaba su alianza era mas fuerte, no podían separarse, su amistad había crecido sin darse cuenta. Pasaron semanas y solo quedaban ellos y dos tributos mas. La batalla final se acercaba, el momento que ninguno esperaba, y ocurrió.

Estaban en el río, buscando comida. Annie se encontraba dentro del agua intentado pescar algo, cuando escucho un terrible ruido de algo que caía. Instintivamente se giro y lo vio, la cabeza de Max en el suelo, separada de su cuerpo. De repente todo paso muy rápido, lanzo un cuchillo al tributo que había matado a su compañero, chillando y con lagrimas en los ojos. Un terrible ruido resonó en el agua, la otra profesional que quedaba miro asustada detrás suya. El agua lo inundo todo, apenas le dio tiempo de despedirse, de decirle unas palabras o simplemente verle por última vez. Después solo recordaba haber nadado hacia un árbol, escuchar el último cañonazo, observar aquella ciudad inundada y quedarse inconsciente. ¿Había ganado o había muerto? Ya no veía la diferencia. 

1 comentario:

  1. HOLA!
    Perdon no sabía donde ponerte que estas nominada a:
    http://librosymasdrogas.blogspot.com.es/2014/07/liebster-blog-award.html
    Gracias

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