martes, 8 de diciembre de 2015

Los Juegos del Hambre de Annie Cresta

 


Su última cena trascurre agradablemente, Annie conversa con Max olvidandose de que mañana tendrán que luchar a muerte. Finnick no esta, tiene que estar con alguna de sus amantes del Capitolio, piensa Annie. Cuando ambos se quedan totalmente solos en la mesa, Max le dice a Annie :

-Sigo pensando que no tengo ninguna posibilidad de ganar los juegos, así que por lo menos quiero que me prometas algo...- Annie le intenta responder, pero no puede, porque sabe que lo que dice es cierto. Un chico como él, sin practicamente habilidades para el combate difícilmente durara mucho en los Juegos, además Finnick la ayudará a ella mas que a nadie en la arena.- me encantaría hacer una alianza contigo, yo te ayudaré, tú puedes sobrevivir, podemos escondernos de los profesionales. Pero a cambio solo quiero que cuando muera, tenga una muerte rápida, un disparo, cualquier veneno, pero no quiero sufrir.

Annie se queda sin palabras, nunca había oído hablar a alguien así de su destino, tener tan clara su muerte, no tener esperanza alguna. Le duele verle así, sin pensarlo le coge de la mano.

-Annie, se que es horrible, pero te lo ruego...- le dice en tono suplicante.

-Si, pero con la condición de que intentes sobrevivir- le responde.

-Nadie sobrevive-

Esa frase, que Annie al principio no entendía pronto tuvo sentido. Las primeras muertes, los primeros cañonazos o los primeros mutos crearon sus mayores pesadillas. Pero lo peor y mas duro fue huír  de los profesionales, Max y ella consiguieron escapar en varias ocasiones. Los primeros días fueron los mejores, encontraron agua enseguida y robaron comida a otros tributos. Pronto comenzaron los terremotos, varias veces casi se quedan atrapados ya que aquella arena era una ciudad en ruinas. Escuchar los lamentos de los que quedaban aplastados por los escombros era horrible, muchas veces intentaron ayudarles pero sin éxito. Esa era sin duda la muerte mas horrible, la mas lenta y dolorosa. Después llegaron las ratas, salieron de todas partes, era una enorme plaga. Nunca habían visto unas tan grandes, tenían uñas y dientes tan afilados como cuchillos, eran mutos modificados por el Capitolio.  Jamás olvidarían como el chico del distrito 10 era devorado en apenas unos segundos por aquellas criaturas. Cada día que pasaba su alianza era mas fuerte, no podían separarse, su amistad había crecido sin darse cuenta. Pasaron semanas y solo quedaban ellos y dos tributos mas. La batalla final se acercaba, el momento que ninguno esperaba, y ocurrió.

Estaban en el río, buscando comida. Annie se encontraba dentro del agua intentado pescar algo, cuando escucho un terrible ruido de algo que caía. Instintivamente se giro y lo vio, la cabeza de Max en el suelo, separada de su cuerpo. De repente todo paso muy rápido, lanzo un cuchillo al tributo que había matado a su compañero, chillando y con lagrimas en los ojos. Un terrible ruido resonó en el agua, la otra profesional que quedaba miro asustada detrás suya. El agua lo inundo todo, apenas le dio tiempo de despedirse, de decirle unas palabras o simplemente verle por última vez. Después solo recordaba haber nadado hacia un árbol, escuchar el último cañonazo, observar aquella ciudad inundada y quedarse inconsciente. ¿Había ganado o había muerto? Ya no veía la diferencia. 

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